domingo, 20 de marzo de 2011

Danza: Amenazas y resistencia I

¿Cúales son los desafíos de la danza para el siglo XXI? Grande y compleja pregunta digana de un altamente titular de prensa guerrerista del mundo actual. La palabra desafío se ha instaurado en la jerga contemporánea, según el diccionario, como provocación, afrontamiento, reto, riesgo, con sinónimos de bravear, arrostrar, reñir, batirse, contener, rivalizar, competir, disputar, palabras propias todas de contienda, peligro, confrontación, en fin, guerrerismo. Vivimos al borde del desafío, del reto guerrerista, del peligro de desaparecer o quizás sobrevivir, pero precariamente. Época de vida o muerte que a diario nos ofrece por la tv las más fías imágenes de cataclismos ecológicos (terremotos, tormentas, volcanes en erupción, inundaciones, maremotos). El siglo XXI, que era para muchos comenzó en la década del sesenta en el XX, no ha escatimado en revoluciones, destrucciones ecológicas manipuladas por el hombre, cambios sociales sorpresivos, gente protestando por las calles a favor o en contra de las armas policiales, el despertar cada día en la inseguridad de la destrucción solapada o abierta del terrorismo. Cada día se cuece una nueva intriga, que provoca, desafía y reta als er humano y su supervivencia. ¿Y la cultura qué? ¿Y las artes qué?

Focalizándonos en esa tierna compañera de nuestro ser como artistas de la danza responsables de la acción estética universal, nos lanzamos a la reflexión del fenómeno para indagar sobre las tendencias que nos inclinan hacía allá, hacia el devenir tan precario del hombre y la mujer del siglo XXI. Hurgando en las últimas décadas nos encontramos frente a fuertes estremecimientos en los códigos danzarios. El academisístico ballético, la danza moderna devenida "contemporánea", van también a romper con los estancamientos técnicos de siglos atrás por los bruscos cambios de los ismos del siglo XX. Pero esas rupturas paradójicamente van a deglutir a la anterior para englosarlas de movimientos cotidianos, con las técnicas extracotidianas de las artes marciales, el yoga, nuevas y parciales invenciones como las de la contact improvisación, la técnica Alexander, la ideokinética, el uso de la energía de soltura etc. Ese es el actual mundo de las técnicas codificadas y sus alternancias con las otras corrientes de movimiento actuales.

¿Pero que decir de la improvisación, técnica de la danza decodificada? La improvisación se ha impuesto como un juego peligroso en su entorno espacial, dictado por lo imprevisible. Lo espontáneo cinético y lo emocional que compartiendo en un escenario o en cualquier otro espacio, puede causar encuentros y desencuentros entre bailarines y hasta no bailarines. La improvisación puede decirse que es uno de los fuertes desafíos de la danza hoy. Pocos bailarines del mundo actual dejan de sentirse atraídos por esa ruptura de códigos que es gestar una acción danzaria al momento y dentro de situaciones ajenas a lo previsible, dictaminadas por el azar de la espontaneidad provocada por el juego de la mente y el cuerpo hacia el posible peligro de quizás la colisión del piso con otros cuerpo y la pérdida de la tensión gravitatoria. ¿No es esto una correspondencia con la inseguridad de la vida en la sociedad que nos ha tocado, edad de la paradoja con el basamento en lo precario, lo inmediato y lo peligroso?

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